Siempre he admirado el ingenio agudo y la ironía de Franco Moschino: sus creaciones no eran solo ropa, sino un comentario sobre el status quo de su tiempo, confeccionado en tela. Alcanzar tal objetivo, ir más allá de la superficie y hacerlo con tanta ligereza teatral es una hazaña extraordinaria que encendió la imaginación de un niño nacido en 1972 y criado en Buenos Aires, que nunca había viajado antes de los 21 años.
Durante mucho tiempo cultivé la creatividad dentro de las paredes de mi hogar, pasando mi adolescencia en la sastrería de mi abuela y absorbiendo de ella las bases de lo que se convertiría en mi profesión. Sin embargo, lo que me guió en un viaje de descubrimiento, alejándome de esos confines familiares y llevándome al centro de mi vida, fue la pasión por la música inglesa. Durante los años en que la escena musical de Mánchester estaba en pleno auge, me impulsó a imaginar otro universo, aparentemente distante, donde podía expresarme como nunca antes.
Al llegar a Londres, me encontré expuesto no solo a la música, sino también a una diversidad de expresiones artísticas cuya absoluta libertad me cautivó. En ese momento comprendí que mi amor por la moda podía convertirse en mi futuro. Así, me matriculé en Central Saint Martins, mientras trabajaba como diseñador junior para Alexander McQueen y Miguel Adrover, a quienes debo mucho. Sin embargo, fue Phoebe Philo quien cambió el rumbo de mi carrera: vio la colección con la que me gradué y me invitó a unirme a ella en Chloé en 2002. Luego llegó Miu Miu en 2006, Louis Vuitton con Marc Jacobs como Senior Designer en 2010, y nuevamente Chloé, donde regresé en 2012 como Design Director junto a Clare Waight Keller. Finalmente, en 2014, emprendí la aventura más larga de mi carrera hasta entonces: diez años en Loewe, junto a J.W. Anderson, como Women’s Ready-to-Wear Design Director.
Con la moda ocupando gran parte de mis pensamientos y espacios, también comencé a coleccionar prendas de diseñadores que cambiaron la historia de la moda—Franco Moschino siempre ha estado entre ellos. Tener acceso hoy a esos recuerdos; caminar por estos pasillos rebosantes de historia que espera ser escuchada; tocar prendas que solo había visto en revistas ha sido invaluable y servirá como brújula en el camino que acabo de iniciar.
Agradezco a Massimo Ferretti por darme la oportunidad de ponerme a prueba con este nuevo reto y por querer compartir conmigo esta nueva etapa en el camino de la Maison. Mi tarea será reabrir aquella ventana al mundo que Franco Moschino abrió para todos nosotros: y no podría haber mayor honor.